En cuestiones de aprendizaje, como en
todas las demás, tenemos que tener en cuenta que los niños son niños, no
adultos en miniatura. Uno de los principales errores que se suelen cometer es no tener, dentro del
aprendizaje o de otras áreas, en cuenta que un niño es un ser que está naciendo a la vida y
al cual hay
que guiar en muchas áreas, incluida la del estudio
y la del aprendizaje.
A la hora de planificar el aprendizaje en los niños hay muchas cosas a tener en cuenta; en este artículo nos centraremos en las tres más básicas que deben guiar cualquier planificación seria del aprendizaje de los niños y niñas. Una de las primeras cosas que debemos evaluar es que es capaz de hacer el alumno dependiendo de su edad y su desarrollo evolutivo. Una vez que ya tenemos definido que es lo que el niño puede aprender es necesario crear contenidos educativos que enseñen de una manera progresiva esos conocimientos que queremos inculcar.
También es importante
evaluar que conocimientos
previos tiene el niño de la materia que le vamos a enseñar. Tendremos
que saber cuáles han sido sus experiencias educativas previas. Estas
experiencias educativas pueden haber sido escolares o haberse producido en otros
ámbitos. Cualquier aprendizaje que se intente hacer con niños
tiene que partir
de algo que el niño ya sepa, para de esta manera ir construyendo el armazón
del conocimiento sobre una materia específica.
Por último habrá que determinar qué es lo que
el alumno puede aprender solo y que contenidos es necesario que
sean explicados por un formador o profesor. En este caso, y en
las siguientes etapas del aprendizaje el niño partirá desde el último punto que fue
explicado por el formador o el profesor. Lo que le ha sido
explicado será lo que él en sucesivas sesiones podrá aprender de una manera autónoma.

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